Cuando el escritor se propone escribir sobre cualquier cosa, que más o menos, atraiga su interés, entonces es que ha sido sensible a esa realidad. Ahora bien, no toda realidad es capaz de ser literatura, o convertirse en literatura; sino que sólo aquella realidad que obedece, quizá, a una continuidad histórica. Debemos identificar, o intentarlo siquiera -con la mayor claridad posible-, las premisas históricas en el hecho que queramos tratar. El escritor colombiano García Márquez menciona que el oficio del escritor es como la carpintería. De acuerdo o no, depende de cada lector, pero es lo que más se asemeja, pues de igual forma trabajamos las realidades en el momento de convertirlas en literatura; inclusive, las barnizamos.
La realidad es un ente desarrollándose en tiempo presente y no en pasado ni en futuro. En pasado no puede existir porque no es un hecho verificable ciento por ciento. Sino que se reduce a una serie de experiencias individuales donde la colectividad es nula. Esto debido a la perspectiva con que es visto un evento desde el mismo o distinto foco visual. En lo tocante al futuro, diremos que no se puede predecir, sino que éste es un producto de posibilidades basadas en la experiencia; sin embargo, un hecho anterior no puede influenciar para que se de otro similar. En caso de darse este similar, no será igual. Nos resta hablar del presente como un evento de la realidad.
El presente se va consumiendo según existe. Ocurre con la idea de hacer algo, luego el acto es la consumación del pensamiento, para después difuminarse en el clímax de la acción. Un carro en movimiento inicia con un ligero zumbido que se percibe un tanto lejano, acercándose, haciendo notorio al movimiento, cuando el carro ha pasado ¿dónde se encuentra el zumbido primero que escuchamos? La realidad del carro es visible al momento de verlo pasar, pero una vez que ha pasado, cuando no lo vemos más, sino que escuchamos otro zumbido alejándose, entonces el carro es un evento incierto, es pasado.
Sólo podremos hablar del carro en el preciso instante que se desarrolla la acción. El carro pasando y nosotros escribiendo el suceso. O bien, cuando escribamos de un carro que ha pasado minutos o años atrás, cuando ya nadie recuerde nada, tendremos que buscar las premisas históricas de que el carro ha pasado. La colectividad podrá ayudar, pero algunos de ellos no recordarán haber visto pasar un carro, acaso recuerden haber escuchado, pero no visto, ni tocado, ni sentido, ni olido. No obstante estas contradicciones, debemos saber identificar las premisas que demuestren que tal hecho ocurrió, y que sigue ocurriendo.
La importancia de ser eficaces al momento de desenmarañar las premisas históricas, reside en el hecho de hacer latente un hecho pasado, de darle cuerpo y alma. Tenemos que desempolvar la memoria, remover aquello que hace sombra sobre lo pasado -lo desconocido para algunos-, y presentalo diáfano, concreto, vigente. Una de las tareas del escritor es hacer algo pasado vigente. No hay manera de hacer de algo pasado algo vigente, más que identificando las premisas de un hecho que por medio de la percepción hemos descifrado de entre los millones de mensajes que reciben nuestros órganos que nos sirven de receptáculos de la realidad, o de la vida.
Percibir la realidad es más que el simple y plano hecho de saber la actualidad de las noticias. Implica conocer el origen de las cosas que suceden. Porque cuando suceden es que se transforman en presente. Conocer la actualidad del mundo conlleva el saber identificar la continuidad que tienen los eventos; es decir, dónde, cómo, por qué, por quién, iniciaron los hechos que al día de hoy (actualidad) repercuten como un hecho presente. Pero digamos que el hecho no es presente, sino que a colación alguien lo trajo por cualquier motivo, entonces, tendremos que saber identificar las premisas, como anteriormente lo había dicho.
La realidad ocurre. Es algo que sucede sobre las bases de la idea común a todos. Es una colectividad. Pero para que se de esa colectividad, todos los individuos deben dejar su individualidad para sumarse y formar una realidad en acción. Sumarse sin perder sus características, sin embargo, podemos tener divergencias en el sentido de que no todos tengan la misma escala de valores para criticar las acciones de la realidad. No obstante unos acepten y otros no la realidad, ésta actúa por la inercia del pasado. Nada hay que se produzca desde cero, todo parte de un hecho pasado, aislado o no a la actualidad, pero referente al hecho que participemos. La colectividad da testimonio de la realidad mediante distintas formas de expresión, sean éstas artísticas o no. Ahora, también se da testimonio de acuerdo al comportamiento observado por las masas. El comportamiento es un reflejo de una realidad vigente. Sin embargo, también puede ser que el comportamiento sea erróneo, pues pudiera haber factores que dan matices falsos a la realidad. Es decir, si tomáramos a la realidad como un cubo de cristal, estos factores falsos o manipulados, en lugar de dejarnos ver la transparencia del cristal, nos lo harían ver con aristas, la luz no pasaría correctamente. Así, cuando la realidad tiene estos factores negativos, entonces el comportamiento colectivo está corrompido. Pues actúan en función de una realidad manipulada, no de una realidad que sucede continua y natural.
La realidad es un ente desarrollándose en tiempo presente y no en pasado ni en futuro. En pasado no puede existir porque no es un hecho verificable ciento por ciento. Sino que se reduce a una serie de experiencias individuales donde la colectividad es nula. Esto debido a la perspectiva con que es visto un evento desde el mismo o distinto foco visual. En lo tocante al futuro, diremos que no se puede predecir, sino que éste es un producto de posibilidades basadas en la experiencia; sin embargo, un hecho anterior no puede influenciar para que se de otro similar. En caso de darse este similar, no será igual. Nos resta hablar del presente como un evento de la realidad.
El presente se va consumiendo según existe. Ocurre con la idea de hacer algo, luego el acto es la consumación del pensamiento, para después difuminarse en el clímax de la acción. Un carro en movimiento inicia con un ligero zumbido que se percibe un tanto lejano, acercándose, haciendo notorio al movimiento, cuando el carro ha pasado ¿dónde se encuentra el zumbido primero que escuchamos? La realidad del carro es visible al momento de verlo pasar, pero una vez que ha pasado, cuando no lo vemos más, sino que escuchamos otro zumbido alejándose, entonces el carro es un evento incierto, es pasado.
Sólo podremos hablar del carro en el preciso instante que se desarrolla la acción. El carro pasando y nosotros escribiendo el suceso. O bien, cuando escribamos de un carro que ha pasado minutos o años atrás, cuando ya nadie recuerde nada, tendremos que buscar las premisas históricas de que el carro ha pasado. La colectividad podrá ayudar, pero algunos de ellos no recordarán haber visto pasar un carro, acaso recuerden haber escuchado, pero no visto, ni tocado, ni sentido, ni olido. No obstante estas contradicciones, debemos saber identificar las premisas que demuestren que tal hecho ocurrió, y que sigue ocurriendo.
La importancia de ser eficaces al momento de desenmarañar las premisas históricas, reside en el hecho de hacer latente un hecho pasado, de darle cuerpo y alma. Tenemos que desempolvar la memoria, remover aquello que hace sombra sobre lo pasado -lo desconocido para algunos-, y presentalo diáfano, concreto, vigente. Una de las tareas del escritor es hacer algo pasado vigente. No hay manera de hacer de algo pasado algo vigente, más que identificando las premisas de un hecho que por medio de la percepción hemos descifrado de entre los millones de mensajes que reciben nuestros órganos que nos sirven de receptáculos de la realidad, o de la vida.
Percibir la realidad es más que el simple y plano hecho de saber la actualidad de las noticias. Implica conocer el origen de las cosas que suceden. Porque cuando suceden es que se transforman en presente. Conocer la actualidad del mundo conlleva el saber identificar la continuidad que tienen los eventos; es decir, dónde, cómo, por qué, por quién, iniciaron los hechos que al día de hoy (actualidad) repercuten como un hecho presente. Pero digamos que el hecho no es presente, sino que a colación alguien lo trajo por cualquier motivo, entonces, tendremos que saber identificar las premisas, como anteriormente lo había dicho.
La realidad ocurre. Es algo que sucede sobre las bases de la idea común a todos. Es una colectividad. Pero para que se de esa colectividad, todos los individuos deben dejar su individualidad para sumarse y formar una realidad en acción. Sumarse sin perder sus características, sin embargo, podemos tener divergencias en el sentido de que no todos tengan la misma escala de valores para criticar las acciones de la realidad. No obstante unos acepten y otros no la realidad, ésta actúa por la inercia del pasado. Nada hay que se produzca desde cero, todo parte de un hecho pasado, aislado o no a la actualidad, pero referente al hecho que participemos. La colectividad da testimonio de la realidad mediante distintas formas de expresión, sean éstas artísticas o no. Ahora, también se da testimonio de acuerdo al comportamiento observado por las masas. El comportamiento es un reflejo de una realidad vigente. Sin embargo, también puede ser que el comportamiento sea erróneo, pues pudiera haber factores que dan matices falsos a la realidad. Es decir, si tomáramos a la realidad como un cubo de cristal, estos factores falsos o manipulados, en lugar de dejarnos ver la transparencia del cristal, nos lo harían ver con aristas, la luz no pasaría correctamente. Así, cuando la realidad tiene estos factores negativos, entonces el comportamiento colectivo está corrompido. Pues actúan en función de una realidad manipulada, no de una realidad que sucede continua y natural.