miércoles, 9 de septiembre de 2009

en corto, vato

La clave
Buscar era la clave, aunque la clave era lo que buscaban. Y ninguno de los dos supo, hasta hace relativamente poco, que aquello que buscaban estuvo tan a la vista que nunca hubieran imaginado, de haberla visto en ese momento, que esa pequeña, aunque conocidísima palabra, era, no obstante todo lo que se pudiera argumentar sobre su pequeñez y aparente insignificancia, la clave tan anhelada.

Sr. Originales
Cuando la tarde en que conoció a la muchacha, que por noches enteras, y días y meses, incluso años, estuvo mordisqueando las orillas de su ilusión, llegó por fin, abatida por mil caminos de polvo y olvidos, a su memoria, tras un esfuerzo descomunal que lo fatigó de tal forma que, cuando logró salir de sus recuerdos enfangados, olvidó la cara de la muchacha, la cual, veinte años después le decía:

-¿Le pasa algo? De pronto se derrumbó sobre la mesa, y por poco derrama el café de la taza.

Olvidos
Tomar en cuenta que las criaturas denominadas olvidos son tan voraces, y a la vez tan descuidadas, que uno, en contadísimas ocasiones, logra rescatar algo que no hayan del todo devorado.