Para Yolito,
muchos días después de tu cumpleaños.
La mañana de ayer
domingo veintisiete de mayo de dos mil doce era clara, daba una sensación de
amplitud el aire transparente después de la lluvia que se soltó en la madrugada,
aroma a nuevo, aroma a tierra sosegada, quietud preponderante entre las
penumbras renuentes a quebrarse a eso de las nueve de la mañana, somnolencia
atrapada en telarañas de letargos matrimoniales e inocencias infantiles, una
mañana plagada de silencio apenas herido por el canto de los pájaros lejanos
que su canto los acerca a la intimidad de nuestro oído. Una pareja camina en
silencio sumergida, no ignorándose sino andando juntos en un silencio cómplice,
caminando con paso apresurado hacia lugares que adivino – en otros tiempos
frecuentados –, ocultados intermitentemente por barandales, muros de piedra,
antenas receptoras, automóviles estacionados, mis propios parpadeos. Los
imaginé doblar la esquina del edificio y llegar a la avenida y luego doblar
nuevamente para llegar a otra avenida y luego subirse a un camión para perderse
entre las calles de la ciudad apenas desperezándose del sueño intranquilo que
desde hace casi seis años duerme a saltos. Los imagino en el camión sentados,
callados, apenas rozando codo con codo, con sus sueños entreverados más allá de
sus limitaciones, cualesquiera que éstas sean, con besos apagados, besos en
sordina, un te quiero en la mirada, un hasta siempre, un morirnos juntos,
frases de enamorados, frases de amantes, frases que se antojan sustanciales, de
acuerdo a la gravedad de las circunstancias. Sigo fumando tranquilamente al pie
de la escalera, sigo mirando la calle desierta repleta de automóviles inmóviles
también vacíos, mientras la pareja se ama silenciosamente. Entro en la casa y
escribo un poco en un diario que no es mío, pero habla también de mí. Me quedo
sentado viendo pasar el tiempo, pero sin poder decir cómo es su paso. Luego me
levanto y me asomo a una ventana que son sus ojos y son los míos, encontrándose
y haciéndose sólo un par de ojos que se miran mirase, entonces sonríe y es una
patria nueva, un nuevo continente feliz y libre.
Monterrey a
28 de mayo de 2012.