viernes, 7 de octubre de 2011

Del amor

No hay palabras a veces con qué decir las palabras que se piensan, que se sienten, que se dice uno mismo en su interior. No hay letras para forjar una palabra antagónica al amor. No hay nada que uno pueda decir señalando eso es el no-amor. Pues pronto cae uno en la cuenta de que la palabra amor son pocas letras, entonces para decir amor hay pocas letras y pocas han de ser también las palabras. A veces lo que uno siente no es amor sino algo que ya está muy lejos del amor, algo indescifrable y nuevo y que ya no es amor, sino algo inombrable y frágil. Entonces no podemos decir que no es amor, sino que es más que el amor. Y a veces también debido a que ya no se le puede llamar amor, tampoco se le sabe nombrar cuando se ha quebrado en haras del amor. Pues el amor recurre a sanar heridas que lo hieren al sanarlas. Así el amor se sacrifica para salvarse a sí mismo aunque esto signifique su quebranto. Amor, amor, estaba más allá de ti, ahora no sé dónde estoy, acaso en un páramo vacío de ti que te nombra, te intuye y enloquece.

viernes, 26 de agosto de 2011

Jeremías

¿Hasta cuándo? Este nuestro campo de exterminio, esta nuestra leche negra que bebemos y bebemos todos los días, el amo del dinero sale de entre pinos y lanza una moneda, hoy toca muerte, hoy toca más fuerte el violín de la insolencia, son serpientes lo que sale de su boca, su beso etílico, emponzoñado, su mano es de hierro y nos amordaza y nos ordena una vida digna en el cielo de su dios. Este nuestro desamparo, esta nuestra tierra cubierta de ceniza. ¿Habrá poesía después de todo esto?

jueves, 4 de agosto de 2011

Me han llamado equivocadamente

Hoy me supe que me llamaron, equivocadamente, Silvestre.

Sin conocer de mi amor por la música del músico, ni mi pasión por la
escritura de su hermano el escritor, sin saber tampoco de mi cabellera
enmarañada y larga a propósito, en homenaje modesto y personal
al músico, tan querido por su hermano el escritor, me han llamado, equivocadamente, muy,
Silvestre
.

martes, 26 de julio de 2011

I X

Para Gabriela Esquivel

El viento contra la piedra se desgarra
revienta sus entrañas
rompe su transparencia

el viento se deshace en un jirón de hojarascas
silva entre los árboles su desgracia
llora en silencio su alegría

el viento se rehace de nostalgia
y de memoria se olvida

el viento es lo mismo una parvada de polvo
que un puñado de pájaros

el viento es silencio y es olvido.

miércoles, 20 de julio de 2011

Amor proletario

El amor todo lo soporta, setenció el apostol. ¿Qué más, al respecto, se podría argumentar? Pues nada nos permite al dejar en claro que todo lo soporta. Y al decir todo, excluye hasta lo más mínimo, el más pequeño detalle, pues es absoluto al decir todo, porque si algo, de alguna forma, pudiera no ser soportado por el amor, entonces el concepto de amor sería uno completamente distinto al que da el apostol. Pues para llegar a la setencia de que el amor todo lo soporta, hace un recorrido por el concepto que del amor Dios tiene. O más bien, el amor que Dios nos ha entregado, no refiriéndose al amor de Dios mismo, sino al amor que nos da a los hombres para que lo compartamos entre nuestros semejantes. Es así que para que se cumpla ese concepto de amor, se cumpla también la setencia. Pues no hay requisito para el amor, como tampoco hay una condición, porque el amor es libre y todo soporta. Sin embargo, el amor sí tienen una cualidad que debe cumplirse, no como condición, sino como pura característica, es decir, para que el amor sea genuino debe cumplir con su máxima expresión que es la de soportar todo. De esta forma, tendremos la plena seguridad de que si cumple con su propia característica, entonces ese amor es verdadero.

Por otro lado, está la confianza. La cual sólo puede quebrarse cuando uno de los dos, entre los que hay amor, o se comparte, o se practica, en realidad posee un amor no genuino. Es decir, que su amor es una imitación, porque lo condiciona una satisfacción personal, un fin propio más allá de lo que representa ser dos personas en una. Es actuar de la forma contraria a lo que es el amor. Esto lo patentiza el mismo apostol, pues en verdad, el concepto del amor nos lo dice desde el extremo que no es amor. Para decirnos lo que el amor es y significa, nos dice todo lo que no es, lo contrario al amor, lo que el amor no hace. Y a veces el amor se acaba cuando la confianza se rompe. Aunque quizá sea un pérdida de balance, porque para que haya amor se necesitan dos. O mejor dicho, antes que el amor la confianza, para de esta forma, y sobre esa base soportar todo lo que suceda, pues por la confianza se soporta.

Pero cuando la otra persona rompió la confianza y el amor aún así perdona. ¿Qué podremos decir de esto? O cuando alguno se separa del otro, ¿no existará ahí el amor, aún cuando vuelvan o pretendan unirse nuevamente? El amor es tan fuerte que quizá nada lo rompa, o el amor es tan flexible, aunque frágil. El amor soporta todo, todo lo perdona y todo lo sufre, pero alguna vez, ¿el amor es insuficiente? Quizá cuando de por medio esté la dignidad, no el orgullo, sino la dignidad del ser humano.

Sin embargo, el amor es un sentimiento puramente burgués, lleno de fetiches, de plazos, de convenciones, de máscaras, además de privatizar a la persona amada, de un sí aquello pero antes esto, un si esto no aquello tampoco, para dar esto me das aquello, hasta que no lo que sea no se hará nada, sus conmemoraciones, sus ritos, y un largo etcétera. Y pareciera que el amor común entre el ser humano y sus semejantes dista mucho de aquel amor del que hablara el apostol en el nuevo testamento. Es un amor material y materialista que enajena a quien a su sombra bebe del caliz del placer que ofrece su amañada buena voluntad. Pues hace que las personas se disfracen y vivan así por años.

Por eso, amada, te doy mi amor silvestre, mineral, orgánico, proletario. Mi amor de pueblo, humano y sencillo. Te amo sin mayor aspaviento que, aquellas demostraciones físicas que en mi organismo se provocan por tu causa.

sábado, 16 de julio de 2011

té para vos

noche, risas, despedidas, oscuridad, libros, firmas, dedicatorias, nostalgias removidas, evocaciones juveniles, lectura en voz alta, poemas, tú recostada en el suelo, yo viéndote desde la mesa, yo viéndome en la distancia en ese invierno de dos mil cinco caminando a través del frío con ricardo yañez, luego las palabras se conjuran para construir la belleza de té para dos, tea for two, entonces los recuerdos de yo lo escuché y lloré pero no supe de quién era, luego yo te recuerdo que te lo leí un domingo en la mañana, luego de pronto tienes al autor de frente y no decimos nada, sino que guardamos el secreto en los pliegues del recuerdo, ricardo bebe, tú bebes, yo bebo y pasa el tiempo disimulando el humo del cigarro, y pasa la vida, y pasa el domingo aquél en guadalajara, y pasa el tres de mayo cuando cambié tu mundo según dices, ese día en que una jarra de agua fresca nos detuvo en la gaby al andrés y a mí, entonces llegamos en penumbras, nomás a recoger un libro y zaz que estabas en la barra, entonces me senté junto a ti y platicamos horas y horas y horas y bebimos y bebimos y joaquín sabina se escuchaba, luego tú bailaste y yo te miré, y fumamos y llenamos de humo la noche, y luego de pronto de la nada, me besaste y yo dejé que me besaras, y luego te besé y desde entonces no paramos de besarnos...

jueves, 14 de julio de 2011

Canícula

Hoy inician los cuarenta días más calientes del año.

Memorias de otros, de otras.

A veces escucho tu voz, te leo, y pareciera que son otras letras
construyendo tus palabras, otras palabras formando tus
ideas, otras tus ideas nutriendo tus memorias, otras memorias
que no soy ni pertenezco a ellas.

A veces parece que no hablas conmigo cuando me hablas, que no
me miras cuandos nos miramos.

Espero morir y morir yo y no otro que he olvidado que soy.

Ojalá y todo sea un malentendido.

viernes, 3 de junio de 2011

Parece que va a llover...

Las tardes de lluvia son tan largas y aburridas que no queda de otra que tomar un libro y leer por aburrimiento. A manera de divertirse uno de manera culta sin caer en las vacilaciones de la flojera televisiva y comercial. Una forma de escudarse contra la invasión imperialista de las grandes corporaciones, que más bien resultan titánicas, es la de escuchar el (la) radio, mientras afuera no pasa ni un alma, ni un carro, o sólo el lejano y monocorde zumbido del motor y la lluvia. Luego ese ligero sonido lejano del automóvil que dobla la esquina o se pierde, con todo y su ruido, en las marañas de la distancia. De nuevo queda el silencio provocado por la lluvia, el tiempo viscoso empapándonos la memoria, revolviendo recuerdos y presentes, añejos besos y abrazos rotos, sexo oxidado, caricias y miradas muertas.

Peor aun cuando la tarde de lluvia es entre las tres y cinco. Pues el día languidece con mayor velocidad y las luces mercuriales se encienden con timidez adivinando su indecencia de encenderse tan temprano. Entonces entramos en un trance que el día es noche y la noche pierde sus proporciones luminosas medibles. Todo se convierte en penumbra dentro del departamento y provoca en mi persona una somnolencia, un estado de inactividad que deriva en el recuerdo de los trastes en la tarja que se quedaron sin lavar. Entonces no queda más remedio que dejar el libro un momento, antes de quedarme dormido en el sofá o donde sea que lea, para levantarme y limpiar la cocina.

Agua cayendo afuera, agua cayendo adentro. Afuera sobre el pavimento y adentro sobre mis manos y los trastes. Es una sensación de sentirse húmedo sin mojarse realmente. Esto provoca también una percepción más concreta de estar seco, como una lucha de contrarios bien definida: afuera hay humedad, agua cayendo, agua estancada, agua corriendo, concretamente el ambiente está empapado, todo se convierte en agua, en líquido -pues la tierra se afloja, se humedece, se desmorona, se deshace, se mezcla con el agua y se vuelve una con ella, se hace líquida, licuándose, se hace lodo, agua lodosa-, y el tiempo transcurre líquido, húmedo, así la luz también se vuelve opaca, casi inexistente pues de tan húmeda se vuelve translúcida; y adentro nada, la luz tiene su color normal, el tiempo transcurre como siempre, no hay humedad, todo se encuentra pavorosamente seco.

No obstante las tardes de lluvia sean largas y aburridas, la lluvia tiene algo de sexual, una metáfora sexual, una continua penetración de lo cerrado, lo virgen; toca la tierra y ésta se humedece, se afloja, se remueve, y empieza a permitir la entrada, la penetración cuidadosa, metódica, sencilla y elemental del agua como elemento fálico. Luego completamente húmeda la tierra se deshace y se vuelve una con el agua, agua lodosa, poseída, compenetrada mineralmente, fecundada. La unión de dos elementos esenciales que promueven la vida, la fecundación, el acto amoroso de la gestación y el maravilloso hecho del alumbramiento, del nacer, y lo que nace crece y es vida y continúa el acto natural de buscar ser y dar vida.

Y si se mira bien, descubrimos que todo lo previo a la lluvia no es más que una danza seductora del macho, haciéndose vistoso, atrayente, viril, para la hembra que se le antoja dulce, palpitante, fértil. La lluvia suelta las amarras del viento que sacude con fuerza, con maravilla, todo cuanto toca se estremece, arroja un poco de penumbra sobre la luz, y luego se siente la caricia leve de la humedad que se aproxima y se percibe su aroma suave a millones de hongos reventados que explotan en vida, en esporas, en esperanza para su linaje micótico. En este punto entonces se exclama con asombro, con esperanza: va a llover, huele a tierra mojada. Y no es otra cosa que las esporas de los hongos que explotan al contacto con una gota de lluvia.

Y así ha sucedido en todas las edades de los hombres.

Una treinta y cuatro p. m.

domingo, 8 de mayo de 2011

Juego de niños,


Este texto está dedicado a Paul Celan,
Recordando su hermoso poema:
Fuga en la noche.


De pronto a mi mente saltó, como una visión luminosa y alegre, un recuerdo, sudoroso y entierrado, de la infancia, recuerdo de correr en el parque, recuerdo de hierba en el aire y bajo los pies, recuerdo de gritos, recuerdo de noche estrellada, apenas oscura por la insidiosa luz mercurial. Correteábamos felices, a media calle, a veces toreando los automóviles que pasaban, otras a los automóviles estacionados, o para decirlo con las palabras exactas, verdaderas, para no mentir: los carros parqueados. Las biclas (bicicletas) tiradas sobre las banquetas, mientras jugábamos a este juego que con emoción recuerdo; y tanta emoción me provoca, que hasta naturalmente brotaron las palabras parqueado y bicla, en el más puro y sincero español pocho, fronterizo, al que ahora se llama spanglish.

Era un juego muy bonito, sano y divertido llamado Stop. Jugarlo era simple: requería un pedazo de gis, que en realidad era una piedra de caliche, más de cuatro jugadores, elegir nombres de países y ganas de correr, de sudar, de entierrarse, de pelear contra mosquitos y jejenes. Y en este punto mi mujer me recuerda que incluso en aquella época los niños sabíamos de los países socialistas, cosas que ahora nadie recuerda. Acaso se quiera borrar el estigma, eliminar a los sueños, o la verdad clausurarla por motivos de deterioro gubernamental.

Para quien ignore acerca del juego que comento, explico un poco la operación, que en realidad resulta muy sencilla. Primero, encontrar el trozo de caliche; segundo, elegir dónde jugar, que como antes dije, era a mitad de la calle. Tercero, se hacía un círculo de tamaño tal que cupieran todos los jugadores; cuarto, se escribían los nombres de los países elegidos. Quinto, en el centro se trazaba un círculo más pequeño, dentro del cual se escribía la palabra stop; sexto, se paraba uno en su casilla y ponía un pie sobre el nombre escrito, listo para salir disparado. Ya todos en sus posiciones, entonces se decía el siguiente estribillo:

Declaro la guerra en contra de mi peor enemigo que es… que es… y se decía el nombre del país. El resto salía corriendo en todas direcciones, como un puñado de cabras brincando, dando grandes zancadas. El país nombrado debía gritar, a la vez que pisaba el centro del círculo ¡stop!, al instante todos debían detenerse. Luego, el “país enemigo” tenía que adivinar a cuántos pasos largos y/ o cortos estaba equis jugador. Hasta aquí recuerdo, no hay más en mi memoria al respecto de este juego infantil, este juego de los niños de la guerra fría. Pero como en toda la sociedad burguesa, habría premios y castigos. Pero lo importante era que esto ocurría entre risas, divertidos, en serenidad, sin tanto ruido.

Ahora, se ha declarado la guerra no de risas, sino de llanto, de sangre y plomo. Pues no son pasos largos o cortos los que se utilizan para abatir, o hacer que alguien pierda, sino que ahora son balas. Es una guerra contra el peor enemigo de los fascistas que ocupan el gobierno de mi país: los jóvenes, las marchas, las protestas, la libertad y el amor. No lo dicen, no lo dirán jamás. Porque con todo y el terror que infunden, el terror que nos venden, con el que nos vacunan en contra de lo humano, de la libertad y del pensamiento, son cobardes. Empezaron por prohibir el cigarro en lugares cerrados, y con esto acabaron con las reuniones en los cafés, en las cantinas, donde se pudieran entablar conversaciones “no aptas” para la hegemonía y permanencia del poder en las manos sucias del presunto alcohólico ocupante del púlpito ensangrentado de la paz. Luego la influenza, instrucción y estrategia militar de primerísimo nivel elaborada por los gringos, transmitida a nuestro gobierno por cierta persona afroamericana que ocupa una oficina oval. Y sobre esto, el cinismo descarnado, la petulancia de la idiotez: fijar una fecha de inicio y final para la epidemia influyente de manera destructiva en la economía del país.

Y es así como inició la incursión terrorista en nuestro hermoso país. Llegaron en la noche, como lobos hambrientos, cobardes ocultos por las sombras. Y aún se esconden tras el terror, tras la barbarie. Cuando todo esto inició no dije nada, ahora no tengo nada que decir.



Quien tenga oídos para oír,
Oiga lo que la poesía dice al hombre.


09 de mayo de 2011.
Cinco y diecinueve p. m.