domingo, 7 de diciembre de 2008

IV

He ido dejando pedazos de mí, la noche los ha cubierto. Rastros de mi voz quedaron en la luz.

Las palabras se han quedado exhaustas, desfallecen en el cenicero entre colillas húmedas de saliva y labial.

En la calle la gente camina apresurada; y tú sentada frente a mí bebiendo café. Yo me quedo mirando la tarde caer tras los ventanales sobre la calle empedrada y húmeda por una ligera llovizna.

Cinco de la tarde marca mi reloj, y el tuyo, y también el de catedral. A lo lejos se escucha el sonido de las campanas, doblando sobre la tarde la muerte de alguien, o la del tiempo.

Y he ido dejando pedazos de mí, sobre la tarde y sobre la noche, y al amanecer mi voz deshilachada.

domingo, 2 de noviembre de 2008

III

Yo en la orilla;
tú, en la otra.
Se nos interpone un continente.
Me miras de lejos, sonríes.
Dices una, dos y tres palabras,
luego te muerdes los labios,
¿quieres devorarlos? ¿ofrecerlos en sacrificio?
Tus palabras se dibujan en el aire, suaves, sin intención,
y te muerdes los labios para que sangren y se expíe tu culpa.
¿Culpa? ¿Por qué?
Mis ojos tratan de leerlas, de entender el movimiento de tus labios indiscretos.
Pregunto y tú no dices nada, o dices nada, luego me miras penetrante,
suspiras.
Y tu mirar es pausado, como si vieras un río alejarse, su corriente que lleva en sí
tatuado el cielo con sus nubes, pájaros, la sombra moteada de luz que
proyecta el follaje de los árboles. Tu mirar se derrama y escurre sobre el río,
sin tocarlo, apenas lo contempla se retrae, se encierra en un tiempo propio,
la luz no es la luz, sino otra, otro tiempo, y otra cosa que miras, y otro yo, o uno
que no soy yo, acaso un yo que no soy, uno que solamente tú miras, alejarse.
Al final, donde muere el río al entrar en la mar,
y no muere, sino que suma, trasciende,
donde empieza lo que ha terminado, cuando el tiempo fluye más despacio, donde
concluye el camino y la obra de los hombres y las cosas, de la vida, estoy de pie
sobre hojas verdes que se tornan amarillas cuando cierro y abro de nuevo los ojos.
Bajo mis pies y bajo las hojas se acumula agua, se pone de pronto verdosa;
un poco de musgo aparece en la piedra que está a mi lado. Entonces te miro, estás
bajo la luz crepuscular, bajo las nubes que se tiñen de rojo y ocre. El cielo incendiado,
la tarde titubeante ante la noche que avanza veloz en su carro. Y páginas y páginas
que se escriben y se leen. Y llueve y se seca la tierra, y vuelve a llover.
Te muerdes los labios.
Será el amor y la felicidad
en conjunto, en continente,
interpuesto,
y cada vez que lo intentamos,
por encima o por debajo,
nos hiere.
La fatalidad nos juega una broma,
nos da a beber incertidumbre,
crecen las sombras tras la ventana,
y el jardín se llena de vacío y ruidos que se escabullen,
nos quedamos adentro, asustados, asfixiándonos,
yo en la orilla.
Tú en la otra.
Tratando de acercarnos, de atravesar,
otra vez nos hiere.
Y queriendo el amor y la felicidad, nos maltrata.
No está en nosotros, ni en el agua, ni en el cielo,
ni en el poema, tampoco en los códices,
ni en el águila, ni en Homero, ni en la Odisea.
Y tú con tu manto de Penélope,
con las matronas con antorchas encendidas tras tus espaldas
cerca de las naves de tu amor y tu esperanza.
No, ni en los pasos de nadie, ni en la noche amoratada.
Ni en mis ojos, ni en mis manos, tampoco en mí.
Nos quedamos en la orilla estáticos.

domingo, 12 de octubre de 2008

II

Para Gabriela

¿qué haremos?
tanto tiempo, espacio
ángulos y rincones
bancas y caminos, árboles y cielos
Distintos ruidos y palabras no dichas
tu mano vacía, mi mano perdida
¿nos encontramos?
¿dónde tus ojos? ¿en los míos?
¿acaso?
tus besos de papel, ¿se incendian en mi boca?
¿o recuerdas los minutos muertos en otras noches?
en otras latitudes dejaste tu alma,
yo, ¿qué tengo entre mi piel encajado?
restos de tu corazón, ¿o tu corazón nunca se ha ido?
¿regreso contigo o regresaste incompleta?
¿yo? ¿te preguntas? ¿o me pregunto? ¿me reconozco o tú
me reconoces en lo esquivo de la mirada que se me pierde
cuando veo a lo lejos, la penumbra?
yo siempre estuve incompleto
¿nos completamos?
¿fugaz el amor? o fugas de la memoria que nos encandila
en medio de la noche de lo incierto.
tantas heridas, recuerdos que se pudren.
que mis manos tus lágrimas reúnan.
que mis lágrimas se pierdan en tus besos,
mi cuerpo mutilado entre tus manos.
tu cuerpo mutilado que se esconde.

martes, 23 de septiembre de 2008

Nota

Andrea,

Contesto a tu carta del jueves pasado. Tuve que escribir de esta forma porque la máquina se me despcompuso. (por eso escribo esto a mano)
Bajo el silencio, o en medio de él,
cuando mi boca está abierta y no sale de ella palabra;
si mis ojos abiertos no miran punto alguno,
o sus pupilas no están dilatadas sino todo lo contrario;
o el cabello enmarañado de mi cabeza,
el cabello recién lavado y peinado;
mis manos inmóviles sin asir realmente nada,
sólo pedazos de cosas o papeles que creemos forman el todo.
Tú preguntas por mi estado de ánimo para sentirte a salvo,
tomas mi mano para no soltarte en el abismo de la duda,
la seguridad que de mí tienes es de fantasía.
Me besas incansable para agotar tus lágrimas.
Me abrazas como naúfrago a salvavidas para no perderte
en la inmensidad de mi indiferencia.

Santiago Santibañez
Febrero 1915
Puebla

lunes, 18 de agosto de 2008

domingo, 17 de agosto de 2008

Postal

Olivia,

Una mirada es tan fugaz como la mariposa. Muere tras la belleza de aletear, sutil, embebida de luz, fracturando imperceptiblemente el viento. Y ninguna palabra de mis labios de piedra, ni tampoco un te quiero mohoso, sino uno fresco y nuevo como la luz a las ocho antes del meridiano. Y en el futuro coincidir, en el dia a dia, tras cada palabra, tras cada hoja o cada casa antigua inhabitada. Mi voz insospechada tras el leve crujir de las hojarascas bajo tus pies, y mi nombre en el golpetear de la lluvia -como millones de alas batiendo la luz, el viento,los sueños- pronunciado.

Santiago Santibañez
Enero 1915
Guanajuato

lunes, 11 de agosto de 2008

I

Gritas en el viento,
ríes con la lluvia,
muchacha.

Trata tu mano
apresar la mariposa
-que se llama Felicidad.

Sube
y
baja,
tu mano.

Y la mariposa
avanza,
-baja
y
sube-,
retrocede.

Y no la atrapas.

miércoles, 30 de julio de 2008

La realidad y el escritor

Cuando el escritor se propone escribir sobre cualquier cosa, que más o menos, atraiga su interés, entonces es que ha sido sensible a esa realidad. Ahora bien, no toda realidad es capaz de ser literatura, o convertirse en literatura; sino que sólo aquella realidad que obedece, quizá, a una continuidad histórica. Debemos identificar, o intentarlo siquiera -con la mayor claridad posible-, las premisas históricas en el hecho que queramos tratar. El escritor colombiano García Márquez menciona que el oficio del escritor es como la carpintería. De acuerdo o no, depende de cada lector, pero es lo que más se asemeja, pues de igual forma trabajamos las realidades en el momento de convertirlas en literatura; inclusive, las barnizamos.
La realidad es un ente desarrollándose en tiempo presente y no en pasado ni en futuro. En pasado no puede existir porque no es un hecho verificable ciento por ciento. Sino que se reduce a una serie de experiencias individuales donde la colectividad es nula. Esto debido a la perspectiva con que es visto un evento desde el mismo o distinto foco visual. En lo tocante al futuro, diremos que no se puede predecir, sino que éste es un producto de posibilidades basadas en la experiencia; sin embargo, un hecho anterior no puede influenciar para que se de otro similar. En caso de darse este similar, no será igual. Nos resta hablar del presente como un evento de la realidad.
El presente se va consumiendo según existe. Ocurre con la idea de hacer algo, luego el acto es la consumación del pensamiento, para después difuminarse en el clímax de la acción. Un carro en movimiento inicia con un ligero zumbido que se percibe un tanto lejano, acercándose, haciendo notorio al movimiento, cuando el carro ha pasado ¿dónde se encuentra el zumbido primero que escuchamos? La realidad del carro es visible al momento de verlo pasar, pero una vez que ha pasado, cuando no lo vemos más, sino que escuchamos otro zumbido alejándose, entonces el carro es un evento incierto, es pasado.
Sólo podremos hablar del carro en el preciso instante que se desarrolla la acción. El carro pasando y nosotros escribiendo el suceso. O bien, cuando escribamos de un carro que ha pasado minutos o años atrás, cuando ya nadie recuerde nada, tendremos que buscar las premisas históricas de que el carro ha pasado. La colectividad podrá ayudar, pero algunos de ellos no recordarán haber visto pasar un carro, acaso recuerden haber escuchado, pero no visto, ni tocado, ni sentido, ni olido. No obstante estas contradicciones, debemos saber identificar las premisas que demuestren que tal hecho ocurrió, y que sigue ocurriendo.
La importancia de ser eficaces al momento de desenmarañar las premisas históricas, reside en el hecho de hacer latente un hecho pasado, de darle cuerpo y alma. Tenemos que desempolvar la memoria, remover aquello que hace sombra sobre lo pasado -lo desconocido para algunos-, y presentalo diáfano, concreto, vigente. Una de las tareas del escritor es hacer algo pasado vigente. No hay manera de hacer de algo pasado algo vigente, más que identificando las premisas de un hecho que por medio de la percepción hemos descifrado de entre los millones de mensajes que reciben nuestros órganos que nos sirven de receptáculos de la realidad, o de la vida.
Percibir la realidad es más que el simple y plano hecho de saber la actualidad de las noticias. Implica conocer el origen de las cosas que suceden. Porque cuando suceden es que se transforman en presente. Conocer la actualidad del mundo conlleva el saber identificar la continuidad que tienen los eventos; es decir, dónde, cómo, por qué, por quién, iniciaron los hechos que al día de hoy (actualidad) repercuten como un hecho presente. Pero digamos que el hecho no es presente, sino que a colación alguien lo trajo por cualquier motivo, entonces, tendremos que saber identificar las premisas, como anteriormente lo había dicho.
La realidad ocurre. Es algo que sucede sobre las bases de la idea común a todos. Es una colectividad. Pero para que se de esa colectividad, todos los individuos deben dejar su individualidad para sumarse y formar una realidad en acción. Sumarse sin perder sus características, sin embargo, podemos tener divergencias en el sentido de que no todos tengan la misma escala de valores para criticar las acciones de la realidad. No obstante unos acepten y otros no la realidad, ésta actúa por la inercia del pasado. Nada hay que se produzca desde cero, todo parte de un hecho pasado, aislado o no a la actualidad, pero referente al hecho que participemos. La colectividad da testimonio de la realidad mediante distintas formas de expresión, sean éstas artísticas o no. Ahora, también se da testimonio de acuerdo al comportamiento observado por las masas. El comportamiento es un reflejo de una realidad vigente. Sin embargo, también puede ser que el comportamiento sea erróneo, pues pudiera haber factores que dan matices falsos a la realidad. Es decir, si tomáramos a la realidad como un cubo de cristal, estos factores falsos o manipulados, en lugar de dejarnos ver la transparencia del cristal, nos lo harían ver con aristas, la luz no pasaría correctamente. Así, cuando la realidad tiene estos factores negativos, entonces el comportamiento colectivo está corrompido. Pues actúan en función de una realidad manipulada, no de una realidad que sucede continua y natural.

jueves, 3 de julio de 2008

martes, 1 de julio de 2008

miércoles, 25 de junio de 2008

I

Olivia,
Acaso no haya amanecer y nos hundamos en una penumbra corpórea, dura, inacabable.
O quizá la nostalgia nos desangre.
Nuestra sangre regada por esa herida que es la nostalgia, con su costra, levantada por la uña impasible del tiempo y las estaciones; de nuevo la costra, luego la uña otra vez.
Acaso no hay un mañana, pero hay un presente y un antepresente: vivo y he vivido. O ¿se borraron mis besos de tus labios? ¿el calor de mi mano en la tuya no existió? ¿mi corazón ensangrentado no dejó rastro? ¿mi cerebro palpitó inútil?
Siempre habrá una mesa nueva, un vaso limpio. Siempre tu cara después del jabón saliendo del agua. Intacta tu sonrisa sobre el aire leve que corre entre el follaje. Tu boca llena de uvas. Y siempre yo, yo todo, bajo la tarde que agoniza tras los edificios sobre las montañas. Yo siempre con mi cara adusta y mi sonrisa extraviada, esquiva, dura. Yo siempre cabalgando hacia la incertidumbre; donde no estás, donde no estoy.
Santiago Santibañez
Noviembre 1914
San Luis Potosí