domingo, 25 de noviembre de 2012

Próximo Cenicero

Todo parece indicar que en el mes próximo de diciembre, verá la luz mi libro Los hombres de piedra, de la editorial La Zonámbula.

Mantendré informados a quien así lo requiera.

Saludos,

jueves, 8 de noviembre de 2012

La salida de un canalla.


Aunque no se ha muerto. Sin embargo, se va.


Mario Benedetti

Los canallas viven mucho, pero algún día se mueren

A Ronald Reagan

OBITUARIO CON HURRAS

Vamos a festejarlo
vengan todos
los inocentes
los damnificadoslos que gritan de noche
los que sueñan de dia
los que sufren el cuerpo
los que alojan fantasmas
los que pisan descalzos
los que blasfeman y arden
los pobres congelados
los que quieren a alguien
los que nunca se olvidan
vamos a festejarlo
vengan todos
el crápula se ha muerto
se acabó el alma negra
el ládron
el cochino
se acabó para siempre
hurra
que vengan todos
vamos a festejarlo
a no decir
la muerte
siempre lo borra todo
todo lo purifica
cualquier día
la muerte
no borra nada
quedan
siempre las cicatrices
hurra
murió el cretino
vamos a festejarlo
a no llorar de vicio
que lloren sus iguales
y se traguen sus lágrimas
se acabó el monstruo prócer
se acabó para siempre
vamos a festejarlo
a no ponermos tibios
a no creer que éste
es un muerto cualquiera
vamos a festerjarlo
a no volvermos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto de mierda

domingo, 16 de septiembre de 2012

TV y Cultura en los Juegos Deportivos de la XIX Olimpiada

José Revueltas




En el campo de la comunicación humana, cuyo desarrollo incesante parece no tener límites concebibles, la televisión representa una de las expresiones más avanzadas. El alcance de los medios de información no sólo abarca ya un área que comprende al planeta entero, sino que incluso quiere rebasarlo para aprehender el espacio extraterrestre. Esto plantea el problema capital del aprovechamiento de esos medios de información, y en términos de tal modo paradójicos que preocupan enormemente a todos aquellos que buscan una respuesta esperanzada respecto al futuro del hombre: estadistas, pensadores, hombres de ciencia, sociólogos, etc. El aspecto más desconcertante que caracteriza al impetuoso y casi diríase omnímodo incremento de los medios informativos de que dispone el mundo moderno es el que se refiere precisamente al grado de su propia potencia, ya que puede decirse que mientras mayor es el volumen de las informaciones, menor es su contenido o, lo que es lo mismo, que el receptor llega a “enterarse” de mucho y a “saber” de muy poco. Dicho de otro modo: en tanto que se va ensanchando la zona del espacio – tiempo que abarca la información, a la inversa, la superficie de “lo que se informa” se reduce. La abundancia de acontecimientos que se convierten en “noticia” plantea al encargado de infundirlos la exigencia de una extrema condensación, en progresión constante, del material informativo. De esta manera, se ha vuelto inevitable que hoy se produzcan más “noticias” que ayer y que mañana se producirán más que hoy, lo que determina que las informaciones, cada vez más abundantes, tengan que presentarse forzosamente en forma cada vez más escueta. Añádase a lo anterior la circunstancia de que el espacio – tiempo dedicado a las noticias reviste también una naturaleza económica, que las convierte en campo de la competencia comercial, lo que se traduce en una reducción forzosa del espacio – tiempo destinado a los fines de la cultura y la educación. Existe pues un desequilibrio entre la superficie de que disponen los medios de información para cubrir este objeto y el volumen del material no noticioso ni de propaganda de que se sirven. Las ventajas que respecto a otros medios de comunicación ofrece la TV mediante el relato de la imagen directa, televisión por cable, video-tapes y otros recurso de multiplicación informativa, establecen la cuestión del desequilibrio entre la magnitud cuantitativa y el contenido cualitativo de las programaciones, como la necesidad de un aprovechamiento cada vez mayor de la TV al servicio del aprendizaje, la enseñanza, la educación y la cultura del televidente.
El enorme esfuerzo informativo que la TV realizará con motivo de la XIX Olimpiada y los recursos de producción sin precedente que pondrán en juego para cumplir su cometido, auguran la posibilidad de un ulterior aprovechamiento de las instalaciones para el desarrollo de programas de enseñanza.
Desde que en octubre de 1967 se llevó a cabo la III Competencia Deportiva Internacional, la experiencia que se obtuvo a través de las instalaciones de TV logradas por el Circuito Cultural con la ayuda de las autoridades, hizo pensar que la XIX Olimpiada ofrecía una oportunidad inmejorable para servirse de dicha experiencia al máximo y a una escala sin precedente en nuestro medio. Los cálculos hechos respecto al número de televidentes para la XIX Olimpiada arrojan una cifra superior a los 400 millones en el mundo, lo que sirve para dar una idea de la vastedad impresionante del campo de acción que se abre.
Durante esa III Competencia se llevaron a cabo, el años pasado, numerosas actividades de TV, lo mismo en el terreno de la experimentación técnica que en el de la difusión masiva. Por primera vez se hicieron proyecciones en grandes pantallas a través de unidades móviles capaces de llevar los programas a decenas de miles de espectadores, en auditorios al aire libre y en aulas, mediante circuitos cerrados y grabaciones de video-tape, etc.
Los primeros pasos para la creación de un sistema de TV educativa y cultural ya han sido dados en México por la Secretaría de Educación Pública, el Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional, los cursos de Telesecundaria y Alfabetización a través del canal 5, y la red nacional de microondas de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Por lo que hace a los juegos de la XIX Olimpiada, habrá también transmisiones vía satélite. En un futuro no lejano, tan vasto sistema de instalaciones se convertirá en la base para un desarrollo de proporciones gigantescas en el proceso de implantación de la enseñanza integral.
Como ocurre con todo inicio, el desarrollo de la TV educativa y cultural apenas se encuentra –como en muchos otros países– en su fase exploratoria. La TV aplicada a los problemas de la educación, deja establecidas las premisas de un cambio trascendental en el terreno de la ciencia y la técnica pedagógicas. La aculturación de las masas, en cantidades que podrán contarse por millones de personas, planteará problemas totalmente nuevos a las ciencias de la educación. La puesta en imagen y en sonido de los programas de enseñanza revestirá el carácter de una obra específica, con una técnica propia y formas expresivas peculiares, esencialmente diferentes de las que en la actualidad se practican. Los tiempos de aprendizaje, instrucción y recreo cultural serán condensados a límites que pueden llegar al máximo de brevedad para que sea posible, en consecuencia, la ampliación incesante del tiempo – espacio destinado a la difusión del conocimiento. Algunos de los aspectos del programa previsto por el Comité Organizador para televisar los Juegos de la XIX Olimpiada, darán una imagen aproximada de los extraordinarios recursos de que quedará dueña la TV de México. Habrá 40 horas diarias de producción de programas, 12 de transmisión simultánea durante los eventos deportivos y una hora de resumen al día, a cargo de mil doscientos especialistas, sin contar los técnicos que se ocuparán de la producción y transmisión. De este modo, se podrá luego dotar a las escuelas de medios para iniciar una campaña de educación audiovisual en todo el país, con carácter permanente, a fin de que en el futuro los centros educativos cuenten incluso con sus propios estudios, para que un programa producido en una escuela pueda transmitirse por circuito cerrado a todos los locales del edificio o aun a escuelas cercanas.
Puede decirse que los sistemas informativos de TV para los Juegos de la XIX Olimpiada, que alcanzarán un despliegue óptimo en octubre, colocarán a México en el umbral de un nuevo desarrollo, diferente al que se viene operando en el renglón de sus fuerzas productivas. Se trata ahora del desarrollo de  otras “fuerzas productivas”: las de la educación y la cultura. La invitación a contemplar los Juegos sentado en “el mejor lugar”, a la vez de que se dota a los hijos de tele-aulas, ampliará de un modo insospechado el auditorio de TV, si tomamos en cuenta el número actual de personas, todavía reducido, que disfruta de ella. El carácter masivo de la información a través de pantallas gigantes en auditorios o en grandes espacios abiertos, creará naturalmente un estado psicológico colectivo cada vez más proclive a la asimilación. Esta receptibilidad podrá ser trasladada, luego de su fase de simple disposición pasiva que sólo contempla los espectáculos, a una fase más extensa y profunda, a una activa disposición al aprendizaje de la ciencia y la cultura, y por último a una actitud crítica, que discierna y juzgue a partir de la información cruda.

(C a s i) J u n t o s e n e l Bi – C e n t e n a r i o



I
¿Y bien? – me pregunto en las mañanas, frente al espejo de esta ciudad, el espejo de estudiantes, madres trabajadoras, trabajadores, obreros y demás – ¿Qué hay del bicentenario? Ya estamos a dos años y del susodicho ni sus luces; ni ahora ni antes del quince lo pudimos ver. Decir Bicentenario de la independencia de México resultaba demasiado largo, además de falso, o al menos queda en entredicho que tal acontecimiento haya sido, por lo menos, genuino. Entonces, se cambió por algo más en onda con la actual, vulgar y acentuada, inclinación por las abreviaturas chic: el Bicentenario. Y el bicentenario por aquí y por allá. Se les llenaba la boca con tan poquitas letras que no sabían dónde ponerlo. Y lo pusieron donde se debía, donde históricamente ha pertenecido el hecho de la independencia, en su cuna de oro, en sus pañales de seda, en las manos suaves, blancas y españolas del gobierno conservador, entreguista y mentiroso. En sus manos perversas, llenas de sangre, lejos del alcance de la carne de cañón –léase, por favor, no se vaya a indigestar alguno: el pueblo.
¿Pero dónde más quería usted que lo pusiera? Lo del zócalo es un mero accidente, una puntada de don Porfirio, celebrar su cumple con el vulgo, nomás pa´ no olvidar sus raíces; para sentirse querido por el pueblo, un autoengaño premeditado y heredado hasta nuestros lastimeros días. Entonces, se quedó la tal puntada de convidar algunas migajas de la festividá, un momento en que el pueblo se da cuenta de que la figura presidencial existe, que no es un cuento, sino que de verdad existe, haga o no haga nada, existe. Y lo podemos comprobar porque ahí se queda paradito contemplando a todos sus pobres, desventurados que no tienen otra cosa mejor por hacer que celebrar algo que ni entienden ni les importa más allá del asueto. Además, ni por error descubren que se festeja la separación entre los criollos y la corona española. Porque de haber sido una verdadera independencia, los indígenas debieron tomar el poder de la nación, recuperando sus reinos y organizándose como les hubiera venido en gana. Quizá hubiésemos vuelto a ser muchos países, o reinados, según las tribus. Pero no, los españoles fueron muy hábiles para no regresar nada, sino apropiarse un territorio, que incluso hoy, no les pertenece. Es decir, no nos pertenece. Es de los indígenas, de nadie más. Y tan hábiles fueron, que los mantuvieron bajo yugo español, ahora independiente, sí, pero de la corona, es decir, que les quedaba más dinerito para gastar. Pues se ahorraban los tributos o impuestos. Así es que estos tramposos no hicieron otra cosa que quitar a España de en medio de su crecimiento personal, de sus propios intereses como colonia. Fue la independencia de la colonia, de los colonizadores, no de los colonizados. El resultado está en que hoy en día los indígenas siguen igual o peor; aunque ahora están enajenados con distractores burgueses, con cierto permiso del opresor para sentirse un poco menos indios. A final de cuentas, siempre la tendencia ha sido, es y será desindianizar al país.
Por ello Calderón no tomó en cuenta al pueblo. Su gobierno se encargó de erradicar cualquier brote de espíritu festivo, eliminar por mínimo que fuera, algún entusiasmo de celebración. Fueron celosos de que el pueblo no festejara algo que no les corresponde. No, eso es de ellos, de los descendientes de aquellos criollos que pelearon lo suyo, no lo propio, porque de nada eran –ni son- propietarios. No hay manera de comprar, adquirir, ni apropiarse, tierras que pertenecen a nuestros pueblos indígenas por derecho natural y divino. No hay sangre que lo pueda pagar. (Y de esto ya habló Faulkner en El oso.)

II
      Regreso del trabajo. Ahora es el mismo espejo, pero empañado por el cansancio que a todos nos agobia. Nadie se ve más feliz. Nadie parece ser del país donde se cumplen doscientos años de ser orgullosamente mexicanos. No diré que el obrero es oprimido por el amo del dinero, por el dueño de los capitales de trabajo, no. El ciudadano está oprimido por la necesidad. Nos mantiene el gobierno en el punto justo de la frontera entre la necesidad y el efímero gusto de poseer algo (aunque sea en abonos chiquitos, pero ahí la vamos pasando), algo que nos permite y que provoca que nos desboquemos, para que sigamos siendo esclavos, no de ellos, no, ellos son decentes, sino esclavos de nuestros propios deseos, porque pecamos por nuestra propia concupiscencia.
      ¿Qué es ser mexicano? Un mexicano del bicentenario. Pues nada, no es nada. Un  mexicano más, un mexicano que accidentalmente está vivo en el dos mil diez. Los estúpidos spots son eso: estúpidos. (Un poema de Sabines, el corazón de tu madre antes de decir sí acepto, un mariachi no se qué, y no se cuánto más.) Ser mexicano es el corazón de la mujer antes de que fusilaran a su hombre, antes de que a su hombre se lo lleven preso injustamente por culpa de su torpeza, las seis mujeres acusadas de asesinato por decidir sobre sus cuerpos (que ya fueron liberadas), el corazón de una madre que no puede pagar el médico y su hijo por ello muere, el caso abecé, un escritor silenciado por escribir la verdad, violencia absurda, civiles muertos, niños trabajando, ancianos empacando en el supermercado, estudiantes sin futuro, un país sin desarrollo, un país de confeti, gente inmunizada con pequeños goces burgueses. Eso es el bicentenario: la más grande de las burlas, la más pérfida mentira.
      Bueno, esto es lo que nadie debe decir, no sea que la bestia se despierte. Sólo hay que decirlo por lo bajo, fumando pa´ dentro, bajando –hacia abajo y a la izquierda- la sierra, cubiertos por las sombras que ocultan el amanecer de la libertad.

domingo, 1 de julio de 2012

Epitafio para Tomás Betancur

In memoriam
al compañero caído, Tomás Betancur Gaytán

Epitafio para Joaquín Pasos

Aquí pasaba a pie
por estas calles,
sin empleo ni puesto

Y sin un peso

Sólo poetas, putas
Pero

recordadle cuando
tengais puentes de concreto,

Grandes turbinas,
tractores, plateados graneros,

buenos gobiernos.

La guardia nacional
anda buscando
a un hombre

un hombre espera
esta noche llegar
a la frontera

el nombre
de ese hombre
no se sabe

hay muchos
hombres más
enterrados en
una zanja

El número y
el nombre de esos
hombres no se sabe.

Ni se sabe el lugar
ni el número de zanjas.

La guardia nacional
anda buscando a un hombre

Un hombre espera
esta noche salir
de Nicaragua

Ernesto Cardenal

miércoles, 27 de junio de 2012

El creyente o seguidor de Cristo tiene como deber moral votar por López Obrador

NOTA ACLARATORIA: El texto que a continuación publico, no guarda relación con mi ideología ni soy responsable por las ideas en él expuestas.


Un cristiano no puede ser de derecha así como no puede ser anticomunista. Un verdadero cristiano que conoce la Escritura jamás defenderá al régimen opresor.
Para sustentar esto les diré lo que dice el Evangelio.
En Hechos de los Apóstoles se habla de cómo la unión fraterna de las sociedades se consigue con conciencia de comunidad:
“Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno”. (Hch 2, 44-45)
“La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos. Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor Jesús. Y gozaban todos de gran simpatía.
No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad”. (Hch 4, 32-35)
Es ridículo que se quieran combatir y satanizar las ideas de izquierda cuando ellas son la base del verdadero proyecto social de la cristiandad.
Hay una gran confusión que deberíamos transparentar para comprender todo esto ¿dónde está la incongruencia entre la espiritualidad y el repartir la riqueza entre todos? Y en este mismo sentido ¿dónde está la negación del espíritu en esta manera de vivir?

Todo lo contrario: cuando se niega la espiritualidad y los valores cristianos se cae en una sociedad de consumo, materialista, donde no importa oprimir al otro ni pisotearlo, donde no se entiende el dolor ajeno, porque lo más importante es el YO y el NOSOTROS no tiene cabida.
Cuando mi querida Mater, la  Iglesia Católica se ve movida por intereses terrenales (dinero, poder, privilegios) y se dedica a promover un ataque contra la izquierda, mediante clérigos o practicantes desinformados, está yendo en contra de la verdadera vena cristiana. ¿Esto de quien es culpa? Sin duda del alto clero que no se educa, que no se forma en valores, que no conoce a cabalidad la escritura y que actúa por miedo; y por ignorancia y también de los pseudo cristianos que no toman conciencia de lo que está escrito y que, es más, se conforman con asistir a misa dominical o al servicio religioso en el mejor de los casos, pero sin tener la mínima conciencia de que es ser un verdadero cristiano, porque en su mayoría desconocen la profundidad el mensaje central de Cristo “Ámense los unos a los otros”. (Jn 15, 9)
Ya es hora de abrir los ojos. No te permitas vivir engañado. No es posible que un cristiano acepte o adopte la vida de egoísmo que propone el proyecto de la derecha, eso es incongruente; Cristo mismo marca la pauta: “Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”
Los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?". Y el Rey les responderá: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo". (Mateo 25, 35-40)
Y a los injustos les dice: "Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron". Estos, a su vez, le preguntarán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?".
Y él les responderá: "Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo". (Mateo 25, 41-45)
No solo la Teología de la Liberación está en lo cierto, más allá, el verdadero cristianismo, sin importar la denominación, es de izquierda.
Independientemente de que algunos incautos se traguen el cuento de que la izquierda está peleada con la vida cristiana y la moral, es más grave, ridículo e irrisorio que haya quienes afirmen ser cristianos y ataquen las ideas izquierdistas que están contenidas en la Biblia muchísimo antes de que Marx  nos iluminara con sus letras.
Atacar el pensamiento de bienestar común, desarrollo social, equidad, justicia, igualdad de oportunidades, eso es lo anticristiano.
El voto de aquel que cree en las enseñanzas de Jesucristo debe ser hacia la izquierda, debe ser por Andrés Manuel López Obrador.
QUE QUIEN SE DIGA CRISTIANO QUE LO DEMUESTRE CON HECHOS, NO CON FRASES VACÍAS Y HUECAS DE TESTIMONIO. NADIE QUE CREA EN CRISTO PUEDE APOYAR AL PRI O AL PAN.
Yo votaré por López Obrador. ¿Y tú, seguidor de Cristo?

Autora: @AfroditaOpina

domingo, 10 de junio de 2012

Espías de Dios

Dedico este pequeño fragmento a mi amigo Ricardo Yañez.

Recordemos 41 años de la matanza del jueves de Corpus.


Hay cosas que deben quedar en la intimidad de la memoria. Que no debemos contarlas ni escribirlas, ni siquiera camufladas, sino que son parte de la vida privada de un escritor. Pero antes que escritor, hombre, padre, ciudadano.

El impulso de contar, la necesidad de comunicar se convierte a veces en un bloqueo de las ideas, de la cadena de producción literaria que es cuerpo-vida-mente-manos-letras. Porque anterior a la acción mecánica de aglutinar letras, signos de puntuación y espacios, está la necesidad de comunicación como primer motor que nos mueve a escribir. Escribir novela, ensayo, teatro o poesía, es un hecho secundario a esta necesidad que se antoja apremiante; que nace del contacto del hombre con el mundo. Ese roce entre la biografía y la historia-presente, contemporánea del hombre, prenden la chispa que lo lleva a registrar, a relacionar, los hechos que convergen con él en un tiempo y espacio dados, aún cuando el concepto de espacio sea demasiado amplio para determinarlo geográficamente. Ya que ahora contamos con la omnipresencia virtual que nos da el internet. La escritura es sólo un acto reflejo de un proceso interno que se desarrolla al encontrar los dos extremos de un evento, cuando observamos el interior del movimiento que hace que se desarrolle ese evento, al descubrir las formas sensibles que lo impulsan. Es decir, la escritura es la sedimentación de tiempo, espacio y eventos, unidos por la sensibilidad de quien escribe. No se pudiera decir que alguien escribe por aglomerar letras, porque entonces tendríamos como resultado un párrafo sin sentido, incomprensible. La necesidad de comunicación es algo inadvertido, inconsciente, que no radica en querer dar a conocer algo a todo el mundo, sino que a veces es el mismo escritor en una dualidad escritor-lector. Pues el impulso a escribir el primer enunciado, el primer verso o párrafo, es una necesidad de comunicación. Aún la escritura automática es una necesidad de comunicación.

Pero la escritura no es del todo cotidiana, ni sigue una secuencia de tiempo lineal. Puede haber distancia de días, meses, incluso años entre un párrafo y otro, o entre un capítulo y otro. Lo mismo pasa en la poesía, donde un poema puede tardar en escribirse varios años. Porque el resultado de la escritura es precisamente comunicar de la forma más clara posible. El trabajo final es una condensación de hechos, la escencia de emociones, pensamientos, etcétera. Algo visto el día de hoy, puede aparecer veinte años después, pero con tal claridad que no se tuvo en la primera experiencia. La experiencia se va estratificando dentro de la mente del escritor, hasta que de pronto explota en el acto luminoso de concatenar tiempo pasado con tiempo presente y, descubrir en el primero las premisas del segundo, entonces todo cobra sentido y toma su peso específico. La escritura es un ejercicio mental para clarificar nuestras ideas. Es una catarsis histórica y emocional.

Escribir no es aglutinar letras con sus puntuaciones y espacios. Escribir también es observar, registrar, leer, llevar un diario, sucumbir ante el poder de la música, hundirse en el ocio de estar tumbado en el piso, en la cama o donde sea sin hacer el más mínimo movimiento, para dejar que la mente divague por sus claroscuros callejones, seguir a una muchacha por el centro de la ciudad, seguir a un caballero, espiar a hurtadillas a los amantes, indagar la marca de perfume que usa la prostituta, saber el origen del trasvesti, el amor perdido del marihuano, la necesidad prometeica del ladrón, saber por qué, simplemente por qué la vida es vida, sin detenerse a pensar en la moral y la caridad cristiana. Es poderse zambullirse en el estiércol y salir tan limpio como de un baño prolongado. Es involucrarse orgánicamente con la vida y sus vivientes. Es ser la víctima y el asesino de vez encuando, para saber cómo brillan, cómo espejean los ojos del que pierde la vida y saber el cosquilleo de las manos de quien asesina. Escribir no es prender el aire acondicionado, prepara café y encender un cigarro mientras la computadora inicia, para luego escribir una serie de conclusiones falsas y artificales que preparamos en el microondas. Escribir es vivir hasta la cuerda, como le dijera Elena Poniatowska a José Revueltas.

Escibir es el acto inmoral de decir todo aquello que no debe decirse.

Una y once pe eme.
10 de junio de 2010