miércoles, 27 de junio de 2012

El creyente o seguidor de Cristo tiene como deber moral votar por López Obrador

NOTA ACLARATORIA: El texto que a continuación publico, no guarda relación con mi ideología ni soy responsable por las ideas en él expuestas.


Un cristiano no puede ser de derecha así como no puede ser anticomunista. Un verdadero cristiano que conoce la Escritura jamás defenderá al régimen opresor.
Para sustentar esto les diré lo que dice el Evangelio.
En Hechos de los Apóstoles se habla de cómo la unión fraterna de las sociedades se consigue con conciencia de comunidad:
“Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno”. (Hch 2, 44-45)
“La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos. Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor Jesús. Y gozaban todos de gran simpatía.
No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad”. (Hch 4, 32-35)
Es ridículo que se quieran combatir y satanizar las ideas de izquierda cuando ellas son la base del verdadero proyecto social de la cristiandad.
Hay una gran confusión que deberíamos transparentar para comprender todo esto ¿dónde está la incongruencia entre la espiritualidad y el repartir la riqueza entre todos? Y en este mismo sentido ¿dónde está la negación del espíritu en esta manera de vivir?

Todo lo contrario: cuando se niega la espiritualidad y los valores cristianos se cae en una sociedad de consumo, materialista, donde no importa oprimir al otro ni pisotearlo, donde no se entiende el dolor ajeno, porque lo más importante es el YO y el NOSOTROS no tiene cabida.
Cuando mi querida Mater, la  Iglesia Católica se ve movida por intereses terrenales (dinero, poder, privilegios) y se dedica a promover un ataque contra la izquierda, mediante clérigos o practicantes desinformados, está yendo en contra de la verdadera vena cristiana. ¿Esto de quien es culpa? Sin duda del alto clero que no se educa, que no se forma en valores, que no conoce a cabalidad la escritura y que actúa por miedo; y por ignorancia y también de los pseudo cristianos que no toman conciencia de lo que está escrito y que, es más, se conforman con asistir a misa dominical o al servicio religioso en el mejor de los casos, pero sin tener la mínima conciencia de que es ser un verdadero cristiano, porque en su mayoría desconocen la profundidad el mensaje central de Cristo “Ámense los unos a los otros”. (Jn 15, 9)
Ya es hora de abrir los ojos. No te permitas vivir engañado. No es posible que un cristiano acepte o adopte la vida de egoísmo que propone el proyecto de la derecha, eso es incongruente; Cristo mismo marca la pauta: “Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver”
Los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?". Y el Rey les responderá: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo". (Mateo 25, 35-40)
Y a los injustos les dice: "Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron". Estos, a su vez, le preguntarán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?".
Y él les responderá: "Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo". (Mateo 25, 41-45)
No solo la Teología de la Liberación está en lo cierto, más allá, el verdadero cristianismo, sin importar la denominación, es de izquierda.
Independientemente de que algunos incautos se traguen el cuento de que la izquierda está peleada con la vida cristiana y la moral, es más grave, ridículo e irrisorio que haya quienes afirmen ser cristianos y ataquen las ideas izquierdistas que están contenidas en la Biblia muchísimo antes de que Marx  nos iluminara con sus letras.
Atacar el pensamiento de bienestar común, desarrollo social, equidad, justicia, igualdad de oportunidades, eso es lo anticristiano.
El voto de aquel que cree en las enseñanzas de Jesucristo debe ser hacia la izquierda, debe ser por Andrés Manuel López Obrador.
QUE QUIEN SE DIGA CRISTIANO QUE LO DEMUESTRE CON HECHOS, NO CON FRASES VACÍAS Y HUECAS DE TESTIMONIO. NADIE QUE CREA EN CRISTO PUEDE APOYAR AL PRI O AL PAN.
Yo votaré por López Obrador. ¿Y tú, seguidor de Cristo?

Autora: @AfroditaOpina

domingo, 10 de junio de 2012

Espías de Dios

Dedico este pequeño fragmento a mi amigo Ricardo Yañez.

Recordemos 41 años de la matanza del jueves de Corpus.


Hay cosas que deben quedar en la intimidad de la memoria. Que no debemos contarlas ni escribirlas, ni siquiera camufladas, sino que son parte de la vida privada de un escritor. Pero antes que escritor, hombre, padre, ciudadano.

El impulso de contar, la necesidad de comunicar se convierte a veces en un bloqueo de las ideas, de la cadena de producción literaria que es cuerpo-vida-mente-manos-letras. Porque anterior a la acción mecánica de aglutinar letras, signos de puntuación y espacios, está la necesidad de comunicación como primer motor que nos mueve a escribir. Escribir novela, ensayo, teatro o poesía, es un hecho secundario a esta necesidad que se antoja apremiante; que nace del contacto del hombre con el mundo. Ese roce entre la biografía y la historia-presente, contemporánea del hombre, prenden la chispa que lo lleva a registrar, a relacionar, los hechos que convergen con él en un tiempo y espacio dados, aún cuando el concepto de espacio sea demasiado amplio para determinarlo geográficamente. Ya que ahora contamos con la omnipresencia virtual que nos da el internet. La escritura es sólo un acto reflejo de un proceso interno que se desarrolla al encontrar los dos extremos de un evento, cuando observamos el interior del movimiento que hace que se desarrolle ese evento, al descubrir las formas sensibles que lo impulsan. Es decir, la escritura es la sedimentación de tiempo, espacio y eventos, unidos por la sensibilidad de quien escribe. No se pudiera decir que alguien escribe por aglomerar letras, porque entonces tendríamos como resultado un párrafo sin sentido, incomprensible. La necesidad de comunicación es algo inadvertido, inconsciente, que no radica en querer dar a conocer algo a todo el mundo, sino que a veces es el mismo escritor en una dualidad escritor-lector. Pues el impulso a escribir el primer enunciado, el primer verso o párrafo, es una necesidad de comunicación. Aún la escritura automática es una necesidad de comunicación.

Pero la escritura no es del todo cotidiana, ni sigue una secuencia de tiempo lineal. Puede haber distancia de días, meses, incluso años entre un párrafo y otro, o entre un capítulo y otro. Lo mismo pasa en la poesía, donde un poema puede tardar en escribirse varios años. Porque el resultado de la escritura es precisamente comunicar de la forma más clara posible. El trabajo final es una condensación de hechos, la escencia de emociones, pensamientos, etcétera. Algo visto el día de hoy, puede aparecer veinte años después, pero con tal claridad que no se tuvo en la primera experiencia. La experiencia se va estratificando dentro de la mente del escritor, hasta que de pronto explota en el acto luminoso de concatenar tiempo pasado con tiempo presente y, descubrir en el primero las premisas del segundo, entonces todo cobra sentido y toma su peso específico. La escritura es un ejercicio mental para clarificar nuestras ideas. Es una catarsis histórica y emocional.

Escribir no es aglutinar letras con sus puntuaciones y espacios. Escribir también es observar, registrar, leer, llevar un diario, sucumbir ante el poder de la música, hundirse en el ocio de estar tumbado en el piso, en la cama o donde sea sin hacer el más mínimo movimiento, para dejar que la mente divague por sus claroscuros callejones, seguir a una muchacha por el centro de la ciudad, seguir a un caballero, espiar a hurtadillas a los amantes, indagar la marca de perfume que usa la prostituta, saber el origen del trasvesti, el amor perdido del marihuano, la necesidad prometeica del ladrón, saber por qué, simplemente por qué la vida es vida, sin detenerse a pensar en la moral y la caridad cristiana. Es poderse zambullirse en el estiércol y salir tan limpio como de un baño prolongado. Es involucrarse orgánicamente con la vida y sus vivientes. Es ser la víctima y el asesino de vez encuando, para saber cómo brillan, cómo espejean los ojos del que pierde la vida y saber el cosquilleo de las manos de quien asesina. Escribir no es prender el aire acondicionado, prepara café y encender un cigarro mientras la computadora inicia, para luego escribir una serie de conclusiones falsas y artificales que preparamos en el microondas. Escribir es vivir hasta la cuerda, como le dijera Elena Poniatowska a José Revueltas.

Escibir es el acto inmoral de decir todo aquello que no debe decirse.

Una y once pe eme.
10 de junio de 2010

(C a s i) J u n t o s e n e l Bi – C e n t e n a r i o

I
¿Y bien? – me pregunto en las mañanas, frente al espejo de esta ciudad; el espejo de estudiantes, madres trabajadoras, trabajadores, obreros y demás – ¿Qué hay del bicentenario? Ya estamos a casi fin de mes y del susodicho ni sus luces; ni ahora ni antes del quince lo pudimos ver. Decir Bicentenario de la independencia de México resultaba demasiado largo, además de falso, o al menos queda en entredicho que tal acontecimiento haya sido, por lo menos, genuino. Entonces, se cambió por algo más en onda con la actual, vulgar y acentuada, inclinación por las abreviaturas chic: el Bicentenario. Y el bicentenario por aquí y por allá. Se les llenaba la boca con tan poquitas letras que no sabían dónde ponerlo. Y lo pusieron donde se debía, donde históricamente ha pertenecido el hecho de la independencia, en su cuna de oro, en sus pañales de seda, en las manos suaves, blancas y españolas del gobierno conservador, entreguista y mentiroso. En sus manos perversas, llenas de sangre, lejos del alcance de la carne de cañón –léase, por favor, no se vaya a indigestar alguno: el pueblo.
¿Pero dónde más quería usted que lo pusiera? Lo del zócalo es un mero accidente, una puntada de don Porfirio, celebrar su cumple con el vulgo, nomás pa´ no olvidar sus raíces; para sentirse querido por el pueblo, un autoengaño premeditado y heredado hasta nuestros lastimeros días. Entonces, se quedó la tal puntada de convidar algunas migajas de la festividá, un momento en que el pueblo se da cuenta de que la figura presidencial existe, que no es un cuento, sino que de verdad existe, haga o no haga nada, existe. Y lo podemos comprobar porque ahí se queda paradito contemplando a todos sus pobres, desventurados que no tienen otra cosa mejor por hacer que celebrar algo que ni entienden ni les importa más allá del asueto. Además, ni por error descubren que se festeja la separación entre los criollos y la corona española. Porque de haber sido una verdadera independencia, los indígenas debieron tomar el poder de la nación, recuperando sus reinos y organizándose como les hubiera venido en gana. Quizá hubiésemos vuelto a ser muchos países, o reinados, según las tribus. Pero no, los españoles fueron muy hábiles para no regresar nada, sino apropiarse un territorio, que incluso hoy, no les pertenece. Es decir, no nos pertenece. Es de los indígenas, de nadie más. Y tan hábiles fueron, que los mantuvieron bajo yugo español, ahora independiente, sí, pero de la corona, es decir, que les quedaba más dinerito para gastar. Pues se ahorraban los tributos o impuestos. Así es que estos tramposos no hicieron otra cosa que quitar a España de en medio de su crecimiento personal, de sus propios intereses como colonia. Fue la independencia de la colonia, de los colonizadores, no de los colonizados. El resultado está en que hoy en día los indígenas siguen igual o peor; aunque ahora están enajenados con distractores burgueses, con cierto permiso del opresor para sentirse un poco menos indios. A final de cuentas, siempre la tendencia ha sido, es y será desindianizar al país.
Por ello Calderón no tomó en cuenta al pueblo. Su gobierno se encargó de erradicar cualquier brote de espíritu festivo, eliminar por mínimo que fuera, algún entusiasmo de celebración. Fueron celosos de que el pueblo no festejara algo que no les corresponde. No, eso es de ellos, de los descendientes de aquellos criollos que pelearon lo suyo, no lo propio, porque de nada eran –ni son- propietarios. No hay manera de comprar, adquirir, ni apropiarse, tierras que pertenecen a nuestros pueblos indígenas por derecho natural y divino. No hay sangre que lo pueda pagar. (Y de esto ya habló Faulkner en El oso.)

II
      Regreso del trabajo. Ahora es el mismo espejo, pero empañado por el cansancio que a todos nos agobia. Nadie se ve más feliz. Estamos a veintitrés de septiembre, nadie parece ser del país donde se cumplen doscientos años de ser orgullosamente mexicanos. No diré que el obrero es oprimido por el amo del dinero, por el dueño de los capitales de trabajo, no. El ciudadano está oprimido por la necesidad. Nos mantiene el gobierno en el punto justo de la frontera entre la necesidad y el efímero gusto de poseer algo (aunque sea en abonos chiquitos, pero ahí la vamos pasando), algo que nos permite y que provoca que nos desboquemos, para que sigamos siendo esclavos, no de ellos, no, ellos son decentes, sino esclavos de nuestros propios deseos, porque pecamos por nuestra propia concupiscencia.
      ¿Qué es ser mexicano? Un mexicano del bicentenario. Pues nada, no es nada. Un  mexicano más, un mexicano que accidentalmente está vivo en el dos mil diez. Los estúpidos spots son eso: estúpidos. (Un poema de Sabines, el corazón de tu madre antes de decir sí acepto, un mariachi no se qué, y no se cuánto más.) Ser mexicano es el corazón de la mujer antes de que fusilaran a su hombre, antes de que a su hombre se lo lleven preso injustamente por culpa de su torpeza, las seis mujeres acusadas de asesinato por decidir sobre sus cuerpos (que ya fueron liberadas), el corazón de una madre que no puede pagar el médico y su hijo por ello muere, el caso abecé, un escritor silenciado por escribir la verdad, violencia absurda, civiles muertos, niños trabajando, ancianos empacando en el supermercado, estudiantes sin futuro, un país sin desarrollo, un país de confeti, gente inmunizada con pequeños goces burgueses. Eso es el bicentenario: la más grande de las burlas, la más pérfida mentira.
      Bueno, esto es lo que nadie debe decir, no sea que la bestia se despierte. Sólo hay que decirlo por lo bajo, fumando pa´ dentro, bajando –hacia abajo y a la izquierda- la sierra, cubiertos por las sombras que ocultan el amanecer de la libertad.

26 de septiembre de 2010

Trece horas con nueve minutos


viernes, 8 de junio de 2012

López Obrador en Tercer Grado (Televisa)


El noticiero de López Dóriga cerró con el comentario de Macario Schettino, que resultó radicalmente panista. Pero no sólo eso, sino también fuera de toda realidad posible. Dicho comentario hace patente que quien lo emite no tiene ninguna información sobre el diario vivir de los mexicanos. Incluso el comentarista ignora las circunstancias bajo las que se viven al norte del país. Pero esto sólo era la antesala de lo que especularon sería un festín, supusieron que despedazarían a López Obrador.

Lo anterior se validó con la apertura del programa: un ataque directo a mansalva, frontal, a quemarropa, digno solamente de un cretino. Una supuesta corrección a las supuestamente incorrectas denuncias, que López Obrador ha hecho sobre el cerco informativo del que ha sido objeto desde años pasados, y de cómo Televisa ha beneficiado a Enrique Peña Nieto con menciones y cobertura sobre sus acciones de dudosa veracidad.

Esperaban que tras el ataque, López Obrador quedara fuera de balance, para poder embestir y tratar de destruirlo todos en conjunto, en jauría recelosa y ávida de carroña. Desearon que López Obrador cayera en la provocación vulgar de discurrir en una perorata mediática y superficial, que se exhibiera lleno de terquedad, belicoso, intolerante. Pues una vez atrapado en la trampa, no podrían exponerse los puntos importantes del Proyecto, del plan de acción para la regeneración nacional. Quisieron evidenciar un claroscuro que sólo existe en sus limitadas mentes.

No pudieron vencerlo. No obstante se desperdiciaron minutos valiosos en el tema de las encuestas y en si López Obrador  aceptaría o no el resultado que anuncie, en su momento, el IFE. Éste ultimo punto, resultó ser un momento álgido en la conversación, que más bien pareció un remedo de pelotón de fusilamiento, pues todos parecían dedicados a lanzar cuanto odio pudieron. Fue un instante de estira y afloja, porque a como diera lugar querían que López Obrador dijera “sí”. Un sí a secas, sin resquicios por donde pudiera caber una condición, por mínima que fuera ésta. La finalidad de esta provocación era tener un fragmento de video, que fuera del contexto, en el futuro pudiera servir para acusarlo en caso de que, viéndose derrotado, López Obrador hiciera intento alguno de ejercer acciones para impugnar o algo parecido. Sin embargo, cabe señalar que el resultado que emita el IFE, podría no tener concordancia con la voluntad popular. En este caso no se deberá aceptar lo que diga la empresa electoral. Porque se puede respetar la voluntad popular, mas no lo que el IFE diga sin que lo compruebe cabalmente y de forma transparente. Es por ello el que MORENA trabaja en incorporar representantes de casilla, que serán quienes cuiden que haya verdadera democracia.

Poco diré de los periodistas que asistieron. En general parecía un ajuste de cuentas viejas. Ciro Gómez Leyva daba la impresión de estar en un grupo para control de la ira, mostraba una ira incontrolable; como incontrolable las muecas que con la boca hacía Adela Micha. De los demás son irrelevantes sus actitudes, salvo Loret de Mola, que verificó su incapacidad intelectual y demostró su parcialidad debido a su propia ignorancia.

Haciendo un balance, es incomprensible que los periodistas de Tercer Grado, no puedan ser responsables ante los hechos que suceden en nuestro país. No quiero decir que se muestren a favor de López Obrador, sino que encausen sus comentarios, críticas y cuestionamientos hacia temas relevantes que urgen a nuestra nación. Más que un programa crítico, en el que la gente pudiera obtener alguna conclusión, resultó ser una bacanal de actitudes mediáticas, sospechosas, faltas de inteligencia y demostraron severa inclinación hacia los poderes opresores del pueblo mexicano.

No obstante, López Obrador pudo enviar algún mensaje a los mexicanos. Y cerró, con la última palabra, asestando un golpe a la derecha: “debemos moralizar al país”.

jueves, 7 de junio de 2012

También de amor hablaba José Revueltas


La libertad como conocimiento y transformación
Margarita García Flores[1]

-         ¿Qué siente usted frente a la miseria humana, sólo la gana de describirla, de usarla en sus obras literarias?

-         La miseria humana es un fenómeno que se ha dado siempre en todas las sociedades y no la veo desde el punto de vista subjetivo de la compasión o algo que pudiera parecérsele, aunque esté tan bien inoculado mi sentimiento de ese mal pensamiento que es la compasión o la piedad. Veo la miseria humana como una degradación del hombre. El hombre no debería ser miserable en ninguna de sus etapas de desarrollo, ni en el pasado, ni en el presente ni en el futuro. Por eso creo que todas las teorías sociales que tienden a abolir la miseria humana, cuando menos tienden a obtener el mínimo de dignidad al que debe aspirar el ser humano.

-         ¿Cuáles pasiones le interesan más?

-         Me interesan todas. Un poco parodiando a Terencio y repitiendo lo que decía Marx en una encuesta a la que fue sometido por alguna de sus hijas: “nada de lo humano me es ajeno”, contestó. Todas las pasiones son inquietantes para mí. Entre ellas tengo preferencia por algunas, las que son precisamente más humanas, por ejemplo el amor. El amor me parece una de las pasiones más depuradas que tiene el ser humano, pero que inclusive exige un gran perfeccionamiento, porque es un amor totalmente retorcido, totalmente mediatizado y deformado en la sociedad actual y en la historia actual del ser humano. Todavía no tenemos ejemplo de gran amor en los seres humanos. Esperemos que sea posible y que se establezca una sociedad de gran amor entre los hombres, aunque las perspectivas son muy poco halagüeñas. Si logramos pasar esta cuesta del siglo XX sin una destrucción nuclear, una devastación del planeta por el pillaje de la naturaleza por el hombre, es muy probable que logremos triunfar todavía respecto a una sociedad que se rija por un nuevo principio del amor. No el amor como lo conocemos actualmente. Lo que conocemos como óptimo en el amor actual casi es una tontería comparado con lo que concebimos como un verdadero, extraordinario amor humano o suprahumano.
-         ¿Cómo concilia usted sus teorías sobre el amor, su formación marxista y su preocupación filosófica por todos los problemas sociales?
-         No necesitan conciliación alguna, están en la base del marxismo y en la base de mi actitud social. No quiero que se reduzca el marxismo a una teoría de la filantropía ni del amor en el sentido color de rosa de la palabra. Yo hablo de amor en el sentido más alto, más puro de la palabra: la redignificación del hombre, la desenajenación del propio ser humano, su reincorporación, su reapropiación, y eso no puede ser sino amor puro.



Tanto el subrayado como las cursivas son de losceniceros.blogspot.com


[1] Este fragmento de entrevista fue tomado del volumen Conversaciones con José Revueltas, Editorial ERA, primera edición 2001, México, D. F., Revueltas, Andrea y Cheron, Philippe (Compiladores)