viernes, 7 de octubre de 2011

Del amor

No hay palabras a veces con qué decir las palabras que se piensan, que se sienten, que se dice uno mismo en su interior. No hay letras para forjar una palabra antagónica al amor. No hay nada que uno pueda decir señalando eso es el no-amor. Pues pronto cae uno en la cuenta de que la palabra amor son pocas letras, entonces para decir amor hay pocas letras y pocas han de ser también las palabras. A veces lo que uno siente no es amor sino algo que ya está muy lejos del amor, algo indescifrable y nuevo y que ya no es amor, sino algo inombrable y frágil. Entonces no podemos decir que no es amor, sino que es más que el amor. Y a veces también debido a que ya no se le puede llamar amor, tampoco se le sabe nombrar cuando se ha quebrado en haras del amor. Pues el amor recurre a sanar heridas que lo hieren al sanarlas. Así el amor se sacrifica para salvarse a sí mismo aunque esto signifique su quebranto. Amor, amor, estaba más allá de ti, ahora no sé dónde estoy, acaso en un páramo vacío de ti que te nombra, te intuye y enloquece.