En el campo de la
comunicación humana, cuyo desarrollo incesante parece no tener límites
concebibles, la televisión representa una de las expresiones más avanzadas. El
alcance de los medios de información no sólo abarca ya un área que comprende al
planeta entero, sino que incluso quiere rebasarlo para aprehender el espacio
extraterrestre. Esto plantea el problema capital del aprovechamiento de esos
medios de información, y en términos de tal modo paradójicos que preocupan
enormemente a todos aquellos que buscan una respuesta esperanzada respecto al
futuro del hombre: estadistas, pensadores, hombres de ciencia, sociólogos, etc.
El aspecto más desconcertante que caracteriza al impetuoso y casi diríase
omnímodo incremento de los medios informativos de que dispone el mundo moderno
es el que se refiere precisamente al grado de su propia potencia, ya que puede
decirse que mientras mayor es el volumen de las informaciones, menor es su
contenido o, lo que es lo mismo, que el receptor llega a “enterarse” de mucho y
a “saber” de muy poco. Dicho de otro modo: en tanto que se va ensanchando la
zona del espacio – tiempo que abarca la información, a la inversa, la
superficie de “lo que se informa” se reduce. La abundancia de acontecimientos
que se convierten en “noticia” plantea al encargado de infundirlos la exigencia
de una extrema condensación, en progresión constante, del material informativo.
De esta manera, se ha vuelto inevitable que hoy se produzcan más “noticias” que
ayer y que mañana se producirán más que hoy, lo que determina que las
informaciones, cada vez más abundantes, tengan que presentarse forzosamente en
forma cada vez más escueta. Añádase a lo anterior la circunstancia de que el
espacio – tiempo dedicado a las noticias reviste también una naturaleza económica,
que las convierte en campo de la competencia comercial, lo que se traduce en
una reducción forzosa del espacio – tiempo destinado a los fines de la cultura
y la educación. Existe pues un desequilibrio entre la superficie de que
disponen los medios de información para cubrir este objeto y el volumen del
material no noticioso ni de propaganda de que se sirven. Las ventajas que
respecto a otros medios de comunicación ofrece la TV mediante el relato de la
imagen directa, televisión por cable, video-tapes y otros recurso de
multiplicación informativa, establecen la cuestión del desequilibrio entre la
magnitud cuantitativa y el contenido cualitativo de las programaciones, como la
necesidad de un aprovechamiento cada vez mayor de la TV al servicio del aprendizaje,
la enseñanza, la educación y la cultura del televidente.
El enorme
esfuerzo informativo que la TV realizará con motivo de la XIX Olimpiada y los
recursos de producción sin precedente que pondrán en juego para cumplir su
cometido, auguran la posibilidad de un ulterior aprovechamiento de las
instalaciones para el desarrollo de programas de enseñanza.
Desde que en
octubre de 1967 se llevó a cabo la III Competencia Deportiva Internacional, la
experiencia que se obtuvo a través de las instalaciones de TV logradas por el
Circuito Cultural con la ayuda de las autoridades, hizo pensar que la XIX
Olimpiada ofrecía una oportunidad inmejorable para servirse de dicha
experiencia al máximo y a una escala sin precedente en nuestro medio. Los
cálculos hechos respecto al número de televidentes para la XIX Olimpiada
arrojan una cifra superior a los 400 millones en el mundo, lo que sirve para
dar una idea de la vastedad impresionante del campo de acción que se abre.
Durante esa III
Competencia se llevaron a cabo, el años pasado, numerosas actividades de TV, lo
mismo en el terreno de la experimentación técnica que en el de la difusión
masiva. Por primera vez se hicieron proyecciones en grandes pantallas a través
de unidades móviles capaces de llevar los programas a decenas de miles de
espectadores, en auditorios al aire libre y en aulas, mediante circuitos
cerrados y grabaciones de video-tape, etc.
Los primeros
pasos para la creación de un sistema de TV educativa y cultural ya han sido
dados en México por la Secretaría de Educación Pública, el Canal 11 del
Instituto Politécnico Nacional, los cursos de Telesecundaria y Alfabetización a
través del canal 5, y la red nacional de microondas de la Secretaría de
Comunicaciones y Transportes. Por lo que hace a los juegos de la XIX Olimpiada,
habrá también transmisiones vía satélite. En un futuro no lejano, tan vasto
sistema de instalaciones se convertirá en la base para un desarrollo de
proporciones gigantescas en el proceso de implantación de la enseñanza
integral.
Como ocurre con
todo inicio, el desarrollo de la TV educativa y cultural apenas se encuentra
–como en muchos otros países– en su fase exploratoria. La TV aplicada a los
problemas de la educación, deja establecidas las premisas de un cambio
trascendental en el terreno de la ciencia y la técnica pedagógicas. La aculturación
de las masas, en cantidades que podrán contarse por millones de personas,
planteará problemas totalmente nuevos a las ciencias de la educación. La puesta
en imagen y en sonido de los programas de enseñanza revestirá el carácter de
una obra específica, con una técnica propia y formas expresivas peculiares, esencialmente
diferentes de las que en la actualidad se practican. Los tiempos de
aprendizaje, instrucción y recreo cultural serán condensados a límites que
pueden llegar al máximo de brevedad para que sea posible, en consecuencia, la
ampliación incesante del tiempo – espacio destinado a la difusión del
conocimiento. Algunos de los aspectos del programa previsto por el Comité
Organizador para televisar los Juegos de la XIX Olimpiada, darán una imagen
aproximada de los extraordinarios recursos de que quedará dueña la TV de
México. Habrá 40 horas diarias de producción de programas, 12 de transmisión
simultánea durante los eventos deportivos y una hora de resumen al día, a cargo
de mil doscientos especialistas, sin contar los técnicos que se ocuparán de la
producción y transmisión. De este modo, se podrá luego dotar a las escuelas de
medios para iniciar una campaña de educación audiovisual en todo el país, con
carácter permanente, a fin de que en el futuro los centros educativos cuenten
incluso con sus propios estudios, para que un programa producido en una escuela
pueda transmitirse por circuito cerrado a todos los locales del edificio o aun
a escuelas cercanas.
Puede decirse que
los sistemas informativos de TV para los Juegos de la XIX Olimpiada, que alcanzarán
un despliegue óptimo en octubre, colocarán a México en el umbral de un nuevo
desarrollo, diferente al que se viene operando en el renglón de sus fuerzas
productivas. Se trata ahora del desarrollo de
otras “fuerzas productivas”: las de la educación y la cultura. La
invitación a contemplar los Juegos sentado en “el mejor lugar”, a la vez de que
se dota a los hijos de tele-aulas, ampliará de un modo insospechado el
auditorio de TV, si tomamos en cuenta el número actual de personas, todavía
reducido, que disfruta de ella. El carácter masivo de la información a través
de pantallas gigantes en auditorios o en grandes espacios abiertos, creará
naturalmente un estado psicológico colectivo cada vez más proclive a la
asimilación. Esta receptibilidad podrá ser trasladada, luego de su fase de
simple disposición pasiva que sólo contempla los espectáculos, a una fase más
extensa y profunda, a una activa disposición al aprendizaje de la ciencia y la
cultura, y por último a una actitud crítica, que discierna y juzgue a partir de
la información cruda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario