miércoles, 25 de junio de 2008

I

Olivia,
Acaso no haya amanecer y nos hundamos en una penumbra corpórea, dura, inacabable.
O quizá la nostalgia nos desangre.
Nuestra sangre regada por esa herida que es la nostalgia, con su costra, levantada por la uña impasible del tiempo y las estaciones; de nuevo la costra, luego la uña otra vez.
Acaso no hay un mañana, pero hay un presente y un antepresente: vivo y he vivido. O ¿se borraron mis besos de tus labios? ¿el calor de mi mano en la tuya no existió? ¿mi corazón ensangrentado no dejó rastro? ¿mi cerebro palpitó inútil?
Siempre habrá una mesa nueva, un vaso limpio. Siempre tu cara después del jabón saliendo del agua. Intacta tu sonrisa sobre el aire leve que corre entre el follaje. Tu boca llena de uvas. Y siempre yo, yo todo, bajo la tarde que agoniza tras los edificios sobre las montañas. Yo siempre con mi cara adusta y mi sonrisa extraviada, esquiva, dura. Yo siempre cabalgando hacia la incertidumbre; donde no estás, donde no estoy.
Santiago Santibañez
Noviembre 1914
San Luis Potosí

No hay comentarios: