Un día de enero, un domingo frío y transparente, tu madre y yo alimentamos palomas en la plaza Hidalgo.
Varias palomas se posaron sobre los hombros y cabeza de ella, otras tantas sobre mí.
Ambos reímos. Las espantábamos con manoteos y sacudiendo los hombros. Si hubieras estado en ese momento también reirías con nosotros. Acaso lo hayas hecho.
1 comentario:
un temblor fue una risa.
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