La
libertad como conocimiento y transformación
Margarita
García Flores[1]
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¿Qué siente usted frente a la miseria humana, sólo la gana de
describirla, de usarla en sus obras literarias?
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La miseria humana es un fenómeno
que se ha dado siempre en todas las sociedades y no la veo desde el punto de
vista subjetivo de la compasión o algo que pudiera parecérsele, aunque esté tan
bien inoculado mi sentimiento de ese mal pensamiento que es la compasión o la
piedad. Veo la miseria humana como una degradación del hombre. El hombre no
debería ser miserable en ninguna de sus etapas de desarrollo, ni en el pasado,
ni en el presente ni en el futuro. Por eso creo que todas las teorías
sociales que tienden a abolir la miseria humana, cuando menos tienden a obtener
el mínimo de dignidad al que debe aspirar el ser humano.
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¿Cuáles pasiones le interesan más?
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Me interesan todas. Un poco
parodiando a Terencio y repitiendo lo que decía Marx en una encuesta a la que
fue sometido por alguna de sus hijas: “nada de lo humano me es ajeno”,
contestó. Todas las pasiones son inquietantes para mí. Entre ellas tengo
preferencia por algunas, las que son precisamente más humanas, por ejemplo el
amor. El amor me parece una de las pasiones más depuradas que tiene el ser
humano, pero que inclusive exige un gran perfeccionamiento, porque es un amor
totalmente retorcido, totalmente mediatizado y deformado en la sociedad actual
y en la historia actual del ser humano. Todavía no tenemos ejemplo de gran amor
en los seres humanos. Esperemos que sea posible y que se establezca una
sociedad de gran amor entre los hombres, aunque las perspectivas son muy
poco halagüeñas. Si logramos pasar esta cuesta del siglo XX sin una
destrucción nuclear, una devastación del planeta por el pillaje de la
naturaleza por el hombre, es muy probable que logremos triunfar todavía
respecto a una sociedad que se rija por un nuevo principio del amor. No el
amor como lo conocemos actualmente. Lo que conocemos como óptimo en el amor
actual casi es una tontería comparado con lo que concebimos como un verdadero,
extraordinario amor humano o suprahumano.
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¿Cómo concilia usted sus teorías sobre el amor, su formación marxista
y su preocupación filosófica por todos los problemas sociales?
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No necesitan conciliación
alguna, están en la base del marxismo y en la base de mi actitud social. No
quiero que se reduzca el marxismo a una teoría de la filantropía ni del amor en
el sentido color de rosa de la palabra. Yo hablo de amor en el sentido más
alto, más puro de la palabra: la redignificación del hombre, la desenajenación
del propio ser humano, su reincorporación, su reapropiación, y eso no puede ser
sino amor puro.
Tanto el subrayado como las cursivas son de losceniceros.blogspot.com
[1] Este fragmento de entrevista fue tomado del
volumen Conversaciones con José
Revueltas, Editorial ERA, primera edición 2001, México, D. F., Revueltas,
Andrea y Cheron, Philippe (Compiladores)
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