jueves, 7 de junio de 2012

También de amor hablaba José Revueltas


La libertad como conocimiento y transformación
Margarita García Flores[1]

-         ¿Qué siente usted frente a la miseria humana, sólo la gana de describirla, de usarla en sus obras literarias?

-         La miseria humana es un fenómeno que se ha dado siempre en todas las sociedades y no la veo desde el punto de vista subjetivo de la compasión o algo que pudiera parecérsele, aunque esté tan bien inoculado mi sentimiento de ese mal pensamiento que es la compasión o la piedad. Veo la miseria humana como una degradación del hombre. El hombre no debería ser miserable en ninguna de sus etapas de desarrollo, ni en el pasado, ni en el presente ni en el futuro. Por eso creo que todas las teorías sociales que tienden a abolir la miseria humana, cuando menos tienden a obtener el mínimo de dignidad al que debe aspirar el ser humano.

-         ¿Cuáles pasiones le interesan más?

-         Me interesan todas. Un poco parodiando a Terencio y repitiendo lo que decía Marx en una encuesta a la que fue sometido por alguna de sus hijas: “nada de lo humano me es ajeno”, contestó. Todas las pasiones son inquietantes para mí. Entre ellas tengo preferencia por algunas, las que son precisamente más humanas, por ejemplo el amor. El amor me parece una de las pasiones más depuradas que tiene el ser humano, pero que inclusive exige un gran perfeccionamiento, porque es un amor totalmente retorcido, totalmente mediatizado y deformado en la sociedad actual y en la historia actual del ser humano. Todavía no tenemos ejemplo de gran amor en los seres humanos. Esperemos que sea posible y que se establezca una sociedad de gran amor entre los hombres, aunque las perspectivas son muy poco halagüeñas. Si logramos pasar esta cuesta del siglo XX sin una destrucción nuclear, una devastación del planeta por el pillaje de la naturaleza por el hombre, es muy probable que logremos triunfar todavía respecto a una sociedad que se rija por un nuevo principio del amor. No el amor como lo conocemos actualmente. Lo que conocemos como óptimo en el amor actual casi es una tontería comparado con lo que concebimos como un verdadero, extraordinario amor humano o suprahumano.
-         ¿Cómo concilia usted sus teorías sobre el amor, su formación marxista y su preocupación filosófica por todos los problemas sociales?
-         No necesitan conciliación alguna, están en la base del marxismo y en la base de mi actitud social. No quiero que se reduzca el marxismo a una teoría de la filantropía ni del amor en el sentido color de rosa de la palabra. Yo hablo de amor en el sentido más alto, más puro de la palabra: la redignificación del hombre, la desenajenación del propio ser humano, su reincorporación, su reapropiación, y eso no puede ser sino amor puro.



Tanto el subrayado como las cursivas son de losceniceros.blogspot.com


[1] Este fragmento de entrevista fue tomado del volumen Conversaciones con José Revueltas, Editorial ERA, primera edición 2001, México, D. F., Revueltas, Andrea y Cheron, Philippe (Compiladores)

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